Bibliografía

Nutrición

El equilibrio invisible: microbiota, inflamación y fertilidad

A veces creemos que lo que nos impide quedar embarazadas es algo grande, evidente, detectable en una ecografía o en un análisis hormonal. Pero ¿y si la clave estuviera en algo que no se ve, que no duele, que ni siquiera sospechamos que está jugando un rol? Eso es lo que empieza a revelarnos la ciencia sobre el microbioma, y en particular, sobre su influencia directa en la fertilidad.
Nuestro cuerpo está poblado por billones de microorganismos que forman ecosistemas únicos. Uno de los más importantes, especialmente en personas con útero, es el microbioma vaginal. Cuando este ecosistema está en equilibrio —dominado por bacterias como Lactobacillus crispatus— se genera un ambiente protector: se regula el pH, se protege contra infecciones y se favorece un endometrio receptivo. Pero cuando ese equilibrio se rompe, se puede generar disbiosis, un desorden que puede tener efectos sutiles pero poderosos.
El equipo de Moustakli et al. (2024) mostró que el exceso de estrés oxidativo (una forma de inflamación interna a nivel celular) altera profundamente este equilibrio microbiano. En palabras simples: cuando hay demasiado “fuego bioquímico” dentro del cuerpo, los microorganismos beneficiosos empiezan a desaparecer y proliferan otros menos amigables. Esto no solo afecta la salud ginecológica cotidiana, sino que puede interferir con procesos claves de la fertilidad como la ovulación, la maduración del ovocito, la formación del embrión y su implantación.
Lo más delicado es que este desbalance puede no dar síntomas claros. Puede pasar desapercibido mientras se intenta un embarazo durante meses o años. O puede aparecer como endometritis silenciosa, pérdida recurrente del embarazo, baja calidad embrionaria o fallas de implantación inexplicadas.
Por eso, este trabajo insiste en algo que desde Inalia ya venimos proponiendo: mirar a la persona en su totalidad. No solo los ovarios o los valores hormonales, sino su sistema inmune, su nivel de estrés crónico, su alimentación, y también la composición de sus bacterias protectoras.
Y lo más hermoso de todo: esto no se trata de un destino sellado. El microbioma se puede modular. Se puede cuidar con una alimentación rica en prebióticos y polifenoles, con meditación para bajar el estrés, con probióticos específicos, con menos antibióticos innecesarios. Es un ecosistema vivo que responde a cómo vivimos.
Quizás la clave para volver a concebir no está en hacer más, sino en restablecer equilibrios invisibles. En cuidar ese diálogo entre cuerpo, mente, entorno… y bacterias.
Porque al fin y al cabo, la fertilidad también es un arte de la armonía.

Palabras clave:

microbioma vaginal, estrés oxidativo, inflamación y fertilidad, salud íntima femenina, probióticos, fertilidad e inmunidad, nutrición integrativa

Fuente:

Moustakli, E., Zachariou, A., Tsiampali, C., et al. (2024). Impact of Oxidative Stress and Antioxidant Therapies on Human Fertility. International Journal of Molecular
Sciences, 25(21), 11802.
https://doi.org/10.3390/ijms252111802:contentReference[oaicite:0]{index=0}

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El equipo de Moustakli et al. (2024) mostró que el exceso de estrés oxidativo (una forma de inflamación interna a nivel celular) altera profundamente este equilibrio microbiano. En palabras simples: cuando hay demasiado “fuego bioquímico” dentro del cuerpo, los microorganismos beneficiosos empiezan a desaparecer y proliferan otros menos amigables. Esto no solo afecta la salud ginecológica cotidiana, sino que puede interferir con procesos claves de la fertilidad como la ovulación, la maduración del ovocito, la formación del embrión y su implantación.
Lo más delicado es que este desbalance puede no dar síntomas claros. Puede pasar desapercibido mientras se intenta un embarazo durante meses o años. O puede aparecer como endometritis silenciosa, pérdida recurrente del embarazo, baja calidad embrionaria o fallas de implantación inexplicadas.
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Y lo más hermoso de todo: esto no se trata de un destino sellado. El microbioma se puede modular. Se puede cuidar con una alimentación rica en prebióticos y polifenoles, con meditación para bajar el estrés, con probióticos específicos, con menos antibióticos innecesarios. Es un ecosistema vivo que responde a cómo vivimos.
Quizás la clave para volver a concebir no está en hacer más, sino en restablecer equilibrios invisibles. En cuidar ese diálogo entre cuerpo, mente, entorno… y bacterias.
Porque al fin y al cabo, la fertilidad también es un arte de la armonía.

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Moustakli, E., Zachariou, A., Tsiampali, C., et al. (2024). Impact of Oxidative Stress and Antioxidant Therapies on Human Fertility. International Journal of Molecular
Sciences, 25(21), 11802.
https://doi.org/10.3390/ijms252111802:contentReference[oaicite:0]{index=0}

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